Portal

tx cultura

Índice del artículo

Nuevo Mundo

 Estábamos pasmados, azorados de nuestro nuevo mundo, todo lo que se necesitaba estaba cerca, la plaza, la escuela, el centro de la ciudad , todo, y aquel trenecito de mulitas que parecía de juguete... En casa había trastos de barro, material que no conocíamos, cucharas de palo, conocimos también el molcajete y el metate, nada nos era familiar. Mientas llegaba el momento del inicio de las clases, fui a una escuelita que tenía mi tía Bruna, quien había comprado la casa mientras vivíamos en el norte; me dio ¡una pizarra y un pizarrín para mis ejercicios de escritura!. Después fuimos inscritos en la escuela del gobierno y mi padre, salió a buscar trabajo, creo que lo encontró. Mientras, nosotros estábamos ocupados en el descubrimiento del nuevo mundo.
 
 

Más tarde alguien lo convenció de instalar una curtiduría, estábamos en una zona zapatera y sería un buen negocio. Un día llegaron unos albañiles a construir unas enormes piletas en nuestro patio, para el curtido. Cuando estuvieron terminadas, el maestro curtidor que era un conocido de mi mamá revisó la instalación y ordenó unas pieles de cierto grosor y calidad para hacer suela y otras más delgadas para los cortes, eran para calzado de hombre. Se prepararon las pieles para el baño curtiente que era a base de un vegetal que llamaban cascalote, cuando se preparó el cascalote y se agregó a las pieles nuestra casa empezó a oler a excremento humano, hedor que se extendió por toda la calle, era repugnante. Ignoro cuánto duraba el proceso, pero al día siguiente no se apareció el curtidor por el lugar. Mi madre y yo fuimos a buscarlo a su casa , donde nos dijeron que andaba borracho y que no habría poder humano que lo hiciera trabajar. Llegó una semana después, dijo muy apenado que se habían pasado de curtido las pieles, pero que la suela que era para calzado de hombre podría servir para el de mujer, en fin, el negocio estaba perdido, este desastre económico consumió todos los ahorros que con tanto amor se habían atesorado.

 
 

Para aprovechar la piel se contrató a un maestro zapatero, se compraron hormas de distintos tamaños, se adquirió herramienta y se empezaron a hacer zapatos de mujer. Los sábados, a las cinco de la mañana tomábamos mi madre y yo la primera corrida de el trenecito que iba a Santa Cruz, su pueblo con un canasto de zapatos cada uno, yo iba con una cobija enredada. Era un tren de vía muy angosta que alguien había construido con el motor de un camión, los tres vagones que arrastraba eran unos cajones con ruedas, con unas tablas a lo largo como asientos con respaldo, tenía techo, pero el resto estaba al aire libre. Cuando llegábamos al pueblo, poníamos un puesto en los portales. El frío a esa hora calaba hasta el alma a pesar de la cobija que me enredaba. Instalado el puesto en los portales de Santa Cruz, mi madre iba a casa de mi tía Severina, su hermana y me traía un jarro de atole blanco y tacos de frijoles o cuitlacoche calientitos. Mientras, yo quedaba al cargo. Previamente había estudiado los precios de la mercancía. Dormíamos en casa de mi tía y al día siguiente volvíamos a poner el puesto. Si alguna vez vendimos un par, no lo tengo en la memoria, en Santa Cruz casi todo el pueblo usaba huaraches. Esos dos canastos eran más pesados al regreso porque llevaban además una carga de desesperanza. Yo era ya consciente de todo lo que estaba sucediendo y participaba de ello .

 

Todas las tardes mi papa iba al centro que estaba a unas tres cuadras de la casa, se sentaba en una banca del jardín a oír las noticias, la presidencia municipal colocaba un altavoz a un radio , como un servicio a la comunidad, uno de esos días regresó con un periódico en la mano con un titular que por lo breve me sobresaltó un poco: “Cayó Varsovia”. En conversación con mi madre esa noche, él le hizo saber que la guerra había empezado. Ella se persignó, --…sea por Dios..-- fue su único comentario.

 
 

Una vez hubo una feria en Empalme Escobedo mi padre decidió ir y por alguna razón yo lo acompañé, llevábamos el consabido par de canastos, el lugar era un pueblucho polvoriento, no tenía luz eléctrica y la feria se desarrollaba en la noche. Pusimos nuestro puesto, llevábamos un aparato de petróleo, esto es, un bote de lámina con una tapadera de rosca con una mecha para alumbrar el puesto, si vendimos algo, no recuerdo cuánto, pero el polvo y el olor del petróleo quemado todavía lo traigo en la nariz; la luz aquella me parecía fantasmal, a pesar de la alegría que seguramente imparten estas ferias. Levantamos nuestro puesto, me compró mi papá unas guayabas y cenamos un chayote hervido y un tamal. Esa noche dormimos en un mesón. La alegría de estar sólo con mi padre compensaba su doloroso mutismo, no hubo conversación.

 
 

A pesar de nuestra situación creo que nunca perdió la afición por experimentar, cierta vez lo vi manipulando sebo en una cazuela, le agregaba una solución de sosa que preparaba con un aerómetro pesalejías. Al día siguiente mi mama estaba lavando la ropa con un jabón obscuro, -Lo hizo tu papá; pero no hace buena espuma…--, observó.

 

En otra ocasión, al regresar a casa vi un enorme gato muerto que no estaba cuando íbamos de la casa a la escuela, por tanto era fresco, se veía que había sido bien cuidado por lo limpio y gordo, así que se me ocurrió que si estábamos en el negocio de la piel podíamos aprovecharlo. Con un cordón que traía en la bolsa le amarré una pata y lo arrastré hasta la casa y me atreví a decirle a mi papá mi idea. Después de unos instantes de duda, en el solar desolló el animal y sin ayuda del curtidor que ya había sido despedido curtió la piel con todo y pelo. La piel que resultó, sirvió mucho tiempo de tapete a mi mamá.

 
 

Cuando estaba cerca el colapso se vendió la casa que anidó nuestros sueños , se compró una mucho más pequeña que fue el refugio de nuestra desesperación. No duró mucho el respiro, al poco tiempo se vendería también y partimos a la Ciudad de México.

 

En México llegamos a casa de mi tía Matilde en Tacubaya, cuyo esposo trabajaba de portero en La Comisión ( de Agricultura y Fomento ), allí duramos poco, quizá por problemas con mi tía, no lo sé pero lo sospecho, nos fuimos a vivir con otra tía, la tía Isidra, que por tías no parábamos, su marido era viñero que hoy se dice pepenador, un viejo de bellas prendas humanas y simpático .

 

Mi padre por pena, vergüenza o rebeldía siempre estaba ausente en este tiempo. Fuimos inscritos en la escuela. Por medio de mi tío Tránsito, su hermano, encontró trabajoen las minas de arena de Santa Fe. Mi tío Tránsito hacía en las rocas unos barrenos de unos quince centímetros de diámetro y dos metros de profundidad. Sin más herramienta que una barreta de acero acosaba la roca por días enteros para hacer uno, luego retacaba el barreno con dinamita y la hacía estallar en enormes pedazos. Los fragmentos, que todavía eran muy grandes, eran reducidas a trozos más chicos con un marro, para que cupieran en una carretilla manual y eran transportados cuesta arriba hasta un molino para convertirlas en arena para construcción, esto hacía mi padre. Jamás le escuché una queja, ni de la situación ni de dolor en su cuerpo; su cuerpo cargado de fatiga. Muchas veces lo vi sentado en el suelo curando las llagas de sus pies, silencioso, mientras mi madre con sus ojos húmedos en voz baja me decía sin que él oyera --..mira como está tu pobre papá, para que no les suceda a ustedes, estudien, no desaprovechen.........--

 

Se encontró una "casa" a media cuadra de la escuela, tenía un cuarto de adobe con techo de lámina y un tejabán como cocina.

 
 

Todos lo días, llevábamos a mi papá su bastimento que consistía en una canasta con tacos de frijoles y un litro de agua de limón, un día mientras él comía sus tacos traté de ayudarle rompiendo una de aquellas rocas; pero eran tan duras que por más golpes de marro que le di, ésta permaneció íntegra en el mismo lugar, como si no la hubiera tocado una mosca acaso riéndose de mi, entonces preferí cargar la carretilla con arena, lo que logré, al terminar se me escapaba el corazón, no de alegría, sino por el esfuerzo. Él me dio uno de sus tacos y nada dijo.

 

busqueda

Hemos traducido esta excelente refutación de la serie "Alienigenas Ancestrales" del History Channel.
Esperamos que disfruten el material.

Este es el sitio de Javier Delgado, dedicado a todo lo que me parece interesante.
Disculpen el comercial, pero espero que visiten mi otro sitio web.

Patrocinado por Paralax Multimedia

Paralax Multimedia esta dedicada a la producción audiovisual, en el area de video, animación tradicional y por computadora, producción estereoscópica y a la distribución de material para estereoscopía, como lentes y filtros para 3d.
Ojala nos apoyen visitando y promocionando nuestro sitio principal

http://www.paralax.com.mx
JSN Epic template designed by JoomlaShine.com