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Regresando a México

A los niños en ese tiempo, no se nos era permitido escuchar o intervenir en las conversaciones de los mayores a menos que se tratara de un asunto que les incumbiera, pero no sé en qué coyuntura escuché de la boca de mi padre un poema, no recuerdo si corto o largo, del cual, a pesar de haberlo escuchado una sola vez, guardo en mi mente una estrofa que llevo como divisa desde entonces:

No te espante la sombra de la noche,
el sol de otro día alumbrará tu frente
y con la espada rota del héroe vencido
se forjará la espada del valiente.

Muchos años después le pedí que me dijera todo el poema; pero ya no lo podía recordar.

 Él había nacido en una ranchería llamada La Ceja del municipio de Jerécuaro, en Guanajuato allá por 1887. Nunca pudo ir a la escuela, aprendió a leer y escribir de un anciano que le enseñó a él y otros muchachos que, sin papel ni lápiz escribían con una ramita seca en la tierra o en la piel del dorso de la mano. Muchas veces lo vi haciendo esto aún cuando tenía lo necesario. Su mamá se llamaba Josefa Camacho y su papá Nemesio Delgado, no sé gran cosa de ellos.
 

Al finalizar la revolución ,la situación del país empujó a mucha gente a la capital con la esperanza de encontrar una oportunidad de trabajo, es por esta época que aparece mi papa en la capital, quizá por 1920 hasta donde pude rastrear en fotografías y viejos fragmentos de papeles. Quizá al año siguiente conoció a mi mamá a quien desposó a mediados de febrero de 1924 cuando aún vivía su madre, mi abuela doña Guadalupe Ibarra de Jaralillo. Él se fue a los Estados Unidos para hacer unos centavos, en ese tiempo murió doña Guadalupe y mi madre lo fue a alcanzar en el El Paso, Texas, donde empezaron en 1926,su largo peregrinar de once años por la alta California.

 
 Los años de Earlymart fueron los más desahogados hasta donde un niño puede darse cuenta y juzgar, recuerdo por ejemplo más juguetes en Navidad. Cierta vez escuché de mi padre una frase inquietante en conversación con mi madre, fue a mediados de 1937: --Va a haber guerra--, ella mencionó varias veces la palabra México. Unos días después me dijo:

--Nos vamos a México, allá tenemos una casa que es de nosotros, van ustedes a conocer a sus tías y primos..--, estaba muy contenta. En esa época los ahorros logrados en los años pasados habían sido enviados a Celaya, donde una prima de mi mamá, Bruna, que allí vivía había comprado una casa para nosotros.

 Una tarde fuimos a visitar a don Amador para comunicarle la decisión que se había tomado de volver al terruño, a encontrarnos con la familia, a volver a los nuestros. Fue una visita triste, yo estaba triste. En la noche, con semblantes acongojados, salieron nuestros amigos a despedirnos, en el auto, me senté en un rincón del asiento trasero y no jugué con Alfredo durante el trayecto a casa como era costumbre, creo que las lágrimas y un nudo en la garganta me impedía moverme. Había yo descubierto un nuevo sentimiento: la sensación de ausencia contenida en palabras como nunca y para siempre.
 

 Las personas que sabían que regresábamos nos decían --Qué van a hacer a allá, no hay trabajo, nadie quiere regresar a México, ustedes son los únicos, no se vayan, se van a arrepentir-- Mis padres callaban.

Se empezó a empacar, se regaló lo que no podíamos llevar , lo delicado lo empacó mi madre en un baúl que llamábamos la petaquilla, la había acompañado no sé cuántos años, era de madera y lámina, verde con refuerzos y herraje dorados; la ropa en sábanas y cobijas amarradas con mecatillo,

 Cuando llegó el día, vino don Amador en la tarde y en su automóvil nos llevó a Deleno donde nos ayudó a subir a un tren, nos acomodaron a los niños en un asiento y los adultos en amarga y cruel mezcla de llanto y abrazos se despidieron. En mi la tristeza era compensada por la novedad, por primera vez veía un tren por dentro, los conocía por su silbido quejumbroso cuando pasaban cerca. Por dentro era para mi muy elegante, los asientos estaban forrados con terciopelo verde, en la parte superior del respaldo en el lado del pasillo los vivos de bronce remataban en una asa brillante que me parecía de oro, como el baúl de mi madre, el asiento era mullido, nunca imaginé que existiera tal comodidad y elegancia, en el fondo del vagón había un gran poster con un paisaje estilizado de montañas que decía: The Rocky Mountains Express. Hace casi setenta años de este hecho y todavía recuerdo claramente esos asientos y aquel poster.
 

Paramos mes y medio en Los Angeles donde conocí a mis padrinos quienes nos alojaron ese tiempo, con ellos estuvimos la Navidad y aquel fin de año, a principios del 38 partimos para México.

 
 Cruzamos la frontera por Nogales, donde cambiamos a un tren con los asientos de dura madera. Al pasar por Mazatlán conocí el mar desde la ventanilla del tren, paramos una noche en Guadalajara y llegamos a Celaya en una fecha que no recuerdo, tampoco recuerdo si era de día o de noche; una semana duró el recorrido desde la frontera. Para mi fue una experiencia perturbadora porque desde que cruzamos la frontera, me di cuenta que el mundo había cambiado, todo me era extraño a pesar de las pláticas y descripciones de mi madre.
 Conocimos nuestra casa, por primera vez una casa en forma y además nuestra. Era muy amplia, tenía una habitación muy grande y otra pequeña ,de construcción antigua; paredes gruesas, techos de bóveda catalana con un balcón a la calle y una cocina de construcción reciente con muros de ladrillo y techo de tejas rojas, un gran solar con un pozo, aunque el agua era salitrosa para nosotros fue una cosa curiosa; había un naranjo que no daba fruto pero cuyas hojas servían para aromáticas tisanas, también había unos cuantos huizaches. El zaguán era enorme con su descomunal cerradura y una llave de unos veinticinco centímetros, en la entrada un tambor de petróleo vacío con una frondosa "hoja elegante". Total unos seiscientos metros cuadrados; allí anidaron los sueños de mis padres y nuestros ensueños y fantasías.
 

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Hemos traducido esta excelente refutación de la serie "Alienigenas Ancestrales" del History Channel.
Esperamos que disfruten el material.

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