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UNA REFLEXIÓN

Hace unos treinta años quise escribir. Escribir qué. Después de mucho meditar decidí que haría narraciones o cuentos. Pensaba que los relatos cortos serían buenos para empezar, hice un intento que resultó decepcionante: poca imaginación, vocabulario limitado, descolorido y rígido. Volví a intentarlo y un día resultó "El Cumpleaños", un pretendido cuento que desde el principio pareció una flor marchita. Pasó el tiempo y pensé que sería interesante coleccionar o reunir cuentos que se tuvieran al padre como personaje importante. Del género cuento tengo una modesta biblioteca y tal vez podía encontrar algunos. Empecé mi búsqueda y encontré El Colgado, de Ramón Rubín, y Mi Padre, de Manuel Toro, que son unas joyas y allí me detuve, me pareció que no era una labor que me llevara a alguna parte. ¿Qué trataba de lograr u obtener? Un día de diciembre del 2003, en conversación con Adriana, mi hija, sobre mi padre, tomé la determinación de poner en papel lo conversado a pesar de la estrechez de mi técnica, tal vez en el futuro, me dije, alguno de la familia se interesará y lo leerá. ¿O tenía yo una deuda pendiente?.

 

Ese mismo día empecé el manuscrito y sucedió como cuando uno abre un ropero en busca de algo, se le vienen encima en alud otras cosas que uno guardaba y había olvidado, así lo que iba a ser una semblanza se iba convirtiendo en algo mas largo y opté por abreviar mi trabajo; mientras, sentía que el pasmo y la sorpresa me invadían

 

El primer título que pensé para mi escrito fue. "Mi Padre", conforme avanzaba le agregué el "y Yo" porque en todos los hechos que relataban estabamos unidos, a pesar de que nuestra relación siempre fue dura en el sentido de no efusiva, al menos así me lo pareció, hasta entonces

 

Cuando terminé el escrito, me llevé horas meditando, recordando, re-viviendo; tres días no dormí, llegué tarde a mi trabajo, los recuerdos me rebasaron. Después recordé en febril desasosiego que cincuenta y tantos años atrás, mi madre me había regalado una caja de madera que había sido de mi abuelo, donde guardaba en otro tiempo mis papeles importantes, subí a buscarla al desván y la encontré empolvada y desclavada. La limpié y hurgué en el contenido: antiguas fotografías familiares de los años treinta, amarillentas cartas de amigos de la Universidad, ¡fórmulas para hacer cremas faciales; poesías y recortes de periódico, uno de ello titulado: El Trabajo del Padre ....¡

 

En la secundaria hice jabón y cremas, hice un escritorio donde estudié toda mi carrera, un día en el camino a la mina cuando llevaba su bastimento, recogí los frutos morados de una planta silvestre e hice tinta; y recuerdo aquel intento fallido de curtir una piel, tuve libros que se parecían mucho a aquel Evolución Humana y en mis tiempos universitarios, intenté hacer poesía:

 

Allá viene a lo largo del camino,
despacio el esqueleto de un jumento,
sobre el huesudo lomo un campesino
de un ave intenta remedar el trino,
con las pálidas notas de un lamento.
De la leche fabrican los quesos.......

No es lo mismo, pero se parece.

 

Lo que dije en Mi Padre y Yo es como lo vi, lo sentí y lo viví, probablemente mis hermanos u otros parientes tienen otra percepción de los hechos, que es igualmente válida,... éramos niños.

 

Según un documento que encontré en mi caja de madera, nació en mil ochocientos ochenta y cinco. Cuando cumplió ochenta años, para celebrar lo llevé a él y a mi madre a un restaurante donde acompañamos la comida con una botella de vino y le regalé un reloj. Aprovechando el momento le pregunté cómo había sido su época de Tecate, me contestó:
--Hacía un frío de todos los diablos y algunas veces tuve que quedarme en un rincón porque no podía pagar un cuarto; era muy difícil pasar la frontera...--, mientras, su mirada se iba perdiendo en el pasado; cambié el giro de la conversación, pero no pude evitar que acudiera a mi mente aquella tarde que partí al ingenio en Tamaulipas, sin más amparo que la bendición de mi madre, siete pesos y mis sueños.

Toda la vida estuve convencido de que yo había seguido el paradigma de mi abuelo Don Atanasio Jaralillo, tanto nos habló de él mi madre, de su inteligencia, del respeto que le dispensaban personas y autoridades de Santa Cruz, de su habilidad para organizar las fiestas de la comunidad y su hermosa caligrafía de la que guardo ejemplos. Tuvieron que transcurrir más de setenta años para encontrar con pasmo y sorpresa que había otra historia debajo de esa..

Lo dicho y lo omitido, me deja preguntas inquietantes: ¿Por qué estudié química?. ¿Por qué soy quien soy?. ¿Estuve observando a mi padre toda la vida? Creo descubrir su impronta dentro de mi, bajo mi piel, en mis huesos. Dice Ortega y Gasset: Todos, en varia medida, somos héroes y todos suscitamos en torno humildes amores. ¿Cuándo entró ese héroe legendario en mi vida y suscitó en mi esos humildes amores?. ¿sería aquella noche a la luz de la luna, paseando entre los árboles con su mano tomando la mía cuando transmitió ese misterioso efluvio que unió su espíritu con el mio?

 

 Enero 21 de 2004

Nemesio Delgado Jaralillo.

 

 

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Esperamos que disfruten el material.

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